El Arrecifes es un río de llanura. En tiempos climatológicos normales tiene unos 30 metros de ancho, y su profundidad varía entre 50 centímetros, frente al Balneario, hasta unos 8 metros, en un pozo con embudo giratorio, pocos kilómetros aguas arriba del balneario. Este río posee una canaleta en su lecho, recuerdo de antiguas épocas, que constituye una trampa, casi siempre mortal, para quienes se atreven a nadar en sus aguas sin saberlo hacer bien. Pero su navegación no presenta ningún problema y no se justifica el terror que le tenían los arrecifeños.
El Doctor Paccusse, hombres y muchachos participantes, demostraron un gran valor al atreverse a navegarlo por primera vez, y además soportar el nombre de locos que les dieron los demás habitantes de Arrecifes.
Por fin el día 27/3/1977, tras varias postergaciones, nos reunimos bajo el Puente El Crisol, así llamado por el apellido de un antiguo vecino, a mitad camino entre Salto y Arrecifes, quienes íbamos a navegarlo y algunos colaboradores.
A las 10 horas partimos sin ningún problema y pudimos apreciar los barrancos del río, a medida que lo recorríamos. Al poco tiempo, como yo había previsto, apareció el esqueleto de un animal fósil, lo cual se repitió con frecuencia, hasta llegar a unos diéz o doce. Lamentablemente para proveer especímenes al Museo arrecifeño, se sacaron los huesos que afloraban en los barrancos, perdiéndose la ubicación de los fósiles. Fuera la ubicación no se perdió gran cosa, porque los fósiles aflorantes ya habían perdido huesos, por haberse caído al lecho del río y ser arrastrados por la corriente, y por ende no estaban completos.
En una de las primeras extracciones de huesos, tres o cuatro muchachos que habían subido al barranco, hallaron un pequeño batracio de colores verdes y amarillos fuertes. Uno de los jóvenes más culto e inteligente del grupo, que lo tenía en la mano, me preguntó que animal era y, como no supe responderle, lo guardó en un bolsillo. Más tarde, llegados al balneario de Arrecifes, no sabiendo que hacer con el, lo tiró allí. Mucho tiempo después supe, era un escuerzo.
Luego llegamos al tajamar de La Merced, antigua estancia del arquitecto Bustillo. Donde un gran tajamar de ladrillos y cemento, sin puertas y con un barranco erosionado, por donde pasaba el agua, atravesaba el río. Toda una reliquia gigantesca del proyecto utópico, de los años 1900-1910, hacer del río un canal de navegación para barcazas desde Laguna Mar Chiquita, en el partido de Junín, hasta el río Paraná, y viceversa.
Profesor Ernesto Fidel Atencio.
En la fotografía el Dr. Luís paccusse y el autor, inspeccionando los misteriosos sedimentos del río Arrecifes.
Sigue a continuación.

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