lunes, 2 de abril de 2012

RIO ARRECIFES: EL FONTEZUELAS, III

El día 23/!0/1977, antes del amanecer, los nautas arrecifeños con el Doctor Luís Paccusse, llegaron al puente de Avenida Rocha, Pergamino, para lanzarce a la incierta y dura navegación del Fontezuelas. A pesar de todos mis esfuerzos, los únicos pergamineses que allí estubimos para despedirlos y desearles buena suerte fuímos mi padre y yo.

Para sorpresa mía, a pesar de habérmelo comentado, Juan Alberto Maggi, nombrado Piloto Mayor de la expedición por el Dr. Paccusse, se apareció con su perro policía Lobo, al cual pensaba llevar arriba una cámara de rueda de camión, con unas tablas encima.
                                                                                         Poco puedo decir sobre la navegación pues al no haber embarcación para nosotros, Paccusse y yo debimos limitarnos a esperarlos en ciertos puntos determinados por algún acceso vial. Como, por motivo de mi vista, no deseaba manejar de noche, me movilicé en ómnibus y en el auto de Paccusse. Sí puedo decir que la navegación, por ser el arroyo estrecho en muchos lugares (Aún estaba vírgen, sin haber sido dragado), playo en partes, tortuoso y ser las piraguas, tipo competición, demasiados largas (6 metros) para el arroyo, al igual que los remos, además de remarse con las espaldas al frente, fue muy dificultosa y lenta. Por lo cual hubo que hacerla en varias etapas. El único que disfrutó plenamente, retozando a gusto, fue Lobo, que hasta se dio el lujo de chapotear y nadar en partes del trayecto.                                                

Desconozco las numerosas peripecias por las cuales pasaron los jóvenes arrecifeños, pues como jóvenes valerosos se las callaron. Si puedo comentar dos pequeñas anécdotas personales. En el puente de Castillo del Diablo, altura del pueblo Villa Da Fonte, debajo unos árboles había una pareja sentada, en el suelo, con dos niños. Los únicos testigos del evento que vimos. El Dr. Paccusse, siempre político, me pidió nos acercáramos a dialogar con ellos. Así lo hicimos, cambiando algunas palabras con la pareja, Paccusse con su inveterada costumbre de dejarles un buen recuerdo a los niños, se agachó para hacerle un mimo a la nena, de unos 4 a 6 años. Esta imprevistamente sacó una rana que tenía escondida tras su espalda, y la puso con un veloz movimiento a menos de 5 centímetros de sus ojos. Para desilución de la nena y la madre, que al parecer estaba en el secreto, Paccusse se limitó a sonreir y hacer un elogio de la rana, sin movérsele ningún músculo por la sorpresa. Lo comento para que se comprenda que clase de hombres y jóvenes participaron en estas navegaciones.                                                            

Por mi parte, esa misma tarde fuí transportado a la ruta, por Paccusse, para esperar el ómnibus a Pergamino. Mientras esperaba observé en la banquina de la ruta dos piedritas amarillas que llamaron mi atención. Pensando, por su coloración podría tratarse algún mineral radiactivo, levanté sólo una para estudiarla con tiempo. Años después, gracias a Internet, supe se trataba de un pequeño fragmento de meteorito, los conocidos como Chondrites.
       
Ernesto Fidel Atencio.                                                    

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